Propuesto en 1989 por la feminista negra Kimberlé Willams Crenshaw, es un concepto que estudia la percepción del poder cruzado en los cuerpos racializados. Es una herramienta analítica que ayuda a entender que, además del género otras dimensiones como etnia, clase, origen geográfico o discapacidades están interrelacionadas y crean cruces de opresiones y violencias específicas, que no pueden ser abordadas de manera aislada, más bien deben de ser enfrentadas a partir de políticas específicas.




