Se refiere a una ética feminista que considera que las comunidades son responsables del bienestar mutuo. Reconoce el impacto negativo que los sistemas de opresión tienen en la salud mental, emocional y física. Se destaca el potencial transformador del cuidado colectivo para afrontar los sistemas opresivos que amenazan la supervivencia e imaginar futuros alternativos. La educación transformadora de género inculca el cuidado colectivo como un valor compartido y se resiste a las narrativas que enmarcan el bienestar únicamente como autocuidado o responsabilidad individual de gestión.




