Se define como cualquier circunstancia en la que las necesidades humanitarias son lo suficientemente grandes y complejas como para requerir una asistencia y recursos externos significativos, y en la que se necesita una respuesta multisectorial. Una emergencia es una situación que amenaza la vida y el bienestar de gran parte de la población y requiere medidas extraordinarias para garantizar su supervivencia, atención y protección. Comprender las distintas barreras a la educación y cómo las experimentan estudiantes de ambos sexos es fundamental para crear respuestas adecuadas y eficaces. Los programas de Educación en Situaciones de Emergencia (ESE) pueden ser protectores, brindando apoyo psicosocial, físico y cognitivo vital. Sin embargo, deben reconocer y responder a las necesidades específicas de los diferentes grupos de niñas, niños, personas adultas y mayores. Cuando una educación de calidad está al alcance de todas las personas y tiene en cuenta los factores de conflicto y género, posee el potencial de ser transformadora al romper los ciclos de conflicto y violencia, redefinir las normas de género y promover la tolerancia y la reconciliación. La convulsión social que se vive durante las crisis representa una oportunidad clave para promover la igualdad de género, lo cual puede ser fundamental para fortalecer la resiliencia y el nexo entre la ayuda humanitaria, el desarrollo y la paz.




