Imagen: CLADE, Liss Pérez | Explicación del modelo en Guatemala.

Una pedagogía comunitaria inclusiva para la educación de la primera infancia en Centroamérica

Por: Gabriela Arrunátegui, Tamara Montalvo R. (CLADE)

Revisión: María Cianci Bastidas

Destaque al proyecto “Pedagogía inclusiva de género para la educación comunitaria de la primera infancia en Guatemala y Honduras”, que busca adaptar y escalar un modelo pedagógico innovador de educación infantil con enfoque de género e inclusión comunitaria en contextos rurales.

La Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) junto a la Organización Mundial para la Educación de la Preescolar (OMEP) América Latina, la Coalición para la Educación para Todos en Guatemala, y el Foro Dakar Honduras, impulsan el proyecto Pedagogía inclusiva de género para la educación comunitaria de la Primera Infancia en Guatemala y Honduras en ejecución prevista desde el año 2024 y 2026. Esta iniciativa financiada por el GPE KIX (Intercambio de Conocimiento e Innovación de la Alianza Mundial para la Educación), promueve la adaptación y escalamiento de un modelo pedagógico innovador de educación infantil con enfoque de género e inclusión comunitaria en contextos rurales que integra currículo, metodologías activas, formación docente y participación comunitaria para garantizar experiencias educativas tempranas más equitativas e inclusivas en entornos rurales.

Este enfoque busca generar evidencia sobre los factores que favorecen o dificultan la ampliación de prácticas educativas inclusivas con perspectiva de género, fortalecer las capacidades de docentes, familias y liderazgos comunitarios, y contribuir a su incorporación en políticas públicas de educación inicial. Mediante la Investigación Acción Participativa (IAP) y el diálogo con actores locales, el proyecto evidencia cómo la inclusión, la creatividad pedagógica y la participación comunitaria pueden convertirse en pilares para transformar la educación en las primeras etapas de vida.

En tal sentido se ha destacado esta experiencia en el artículo (blog) publicado por el GPE KIX, se comparte a continuación:

En las comunidades rurales de Guatemala y Honduras, la educación de la primera infancia se está transformando a través de la interacción directa con docentes, familias y miembros de la comunidad, en lugar de hacerlo en instituciones formales.

Este blog presenta las perspectivas de Gabriela Arrunátegui y Tamara Montalvo R. sobre el proyecto Pedagogía inclusiva de género para la educación comunitaria de la Primera Infancia en Guatemala y Honduras, apoyado por el Intercambio de Conocimiento e Innovación de la Alianza Mundial para la Educación (GPE KIX), una iniciativa conjunta con el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC).

La promesa de la Educación de la Primera Infancia (EPI) aún no ha llegado a los niños y niñs que más la necesitan. Si bien existe un amplio reconocimiento de su importancia, su aplicación práctica varía considerablemente. Más de 175 millones de niños y niñas en todo el mundo no están inscritos en la educación preescolar, y los niños y niñas de familias de bajos ingresos tienen siete veces menos probabilidades de matricularse (OMEP, 2022).

Para ayudar a cerrar estas brechas, la CLADE junto a la Organización Mundial para la Educación de la Preescolar (OMEP) de América Latina y la Coalición para la Educación para Todos en Guatemala, y el Foro Dakar Honduras, están implementando el proyecto Pedagogía Inclusiva de Género para la Educación Comunitaria de la Primera Infancia en Guatemala y Honduras. El proyecto cuenta con el apoyo de GPE KIX, una iniciativa conjunta con el IDRC, con un objetivo claro: escalar una pedagogía inclusiva con perspectiva de género en la educación de la primera infancia comunitaria rural durante el período 2024-2026.

¿Qué es el Modelo de Pedagogía Inclusiva?

El modelo de pedagogía inclusiva se originó en La Serena, Chile, y posteriormente se expandió a 14 municipios, dando como resultado 26 experiencias de Educación en Primera Infancia (EPI) inclusiva. Con el tiempo, se adaptó en ocho países sudamericanos y recibió reconocimiento internacional con el premio “Mi Patio es el Mundo”. Sus resultados han sido particularmente significativos en entornos rurales, donde se ha promovido el aprendizaje al impulsar la autoestima escolar, contribuyendo así a reducir las brechas de género.

Este modelo se basa en el “Aprendizaje Dialógico”, un enfoque integral que combina el desarrollo curricular, la implementación de metodologías apropiadas para cada edad, la formación docente continua y la participación activa de las comunidades educativas.

Escuchando a las comunidades: comprensión de la realidad local

La Investigación-Acción Participativa (IAP) fue clave para la co-construcción de conocimiento situado, colectivo y transformador en estos territorios. Se utilizó un enfoque cualitativo, aplicando entrevistas semiestructuradas, talleres grupales y actividades expresivas con niños y niñas. En total, participaron 185 personas: 133 en Guatemala y 52 en Honduras, incluyendo directores, docentes, madres, cuidadores, niños y niñas, y autoridades educativas locales.

Uno de los hallazgos centrales de este proceso fue que el cuerpo docente ya utiliza metodologías activas basadas en el juego, la narración de cuentos y la creatividad. “Partimos de lo que los niños y niñas ya saben, de sus experiencias y conocimientos previos”, explicó un docente. Este hallazgo es valioso porque ofrece una base pedagógica sólida. Al mismo tiempo, se reveló la necesidad de fortalecer la pertinencia cultural de los materiales y de brindar capacitación especializada.

La inclusión, evidenciada por el proceso de IAP, reveló la disposición y la sensibilidad de docentes, incluso sin apoyo institucional. Un docente mencionó: “Tengo una niña que no puede caminar bien… al principio su madre quería que viniera solo dos veces por semana, pero ahora quiere venir todos los días porque le gusta la escuela”. Esto destaca que la escuela puede ser un espacio de motivación y resiliencia. También enfatiza la necesidad de mejorar las estrategias del modelo para atender a niños y niñas con diversos perfiles —como aquellos con discapacidades, barreras lingüísticas o distintos niveles de extroversión e introversión— garantizando que la inclusión no dependa únicamente de la buena voluntad de docentes.

En cuanto al género y el cuidado, las voces de las madres son claras: “No vemos razón para dar menos a las niñas. Si desea estudiar, que lo haga, ya que eso la empoderará para ser autosuficiente”, dijo una madre. Si bien la conciencia sobre la equidad está aumentando, las prácticas patriarcales siguen arraigadas. Este contraste nos motiva a modificar el modelo para fomentar las responsabilidades compartidas de cuidado y fomentar el diálogo familiar sobre la igualdad como valor pedagógico.

La relación entre la comunidad y la escuela también aporta ideas clave. En Guatemala, las escuelas sirven como refugios durante emergencias; en Honduras, las madres apoyan los programas de alimentación y limpieza. Esto confirma que la escuela rural es mucho más que un espacio pedagógico: es un centro de cohesión comunitaria.

Cómo funciona el aprendizaje dialógico

El aprendizaje dialógico se basa en dos pilares principales:

  1. Social y participativo

Reconoce a la comunidad como agente educativo, no como un actor secundario. Sus conocimientos, cultura y cosmovisión enriquecen el proceso de aprendizaje, aportando sueños, aspiraciones y experiencias vividas que hacen única la propuesta. El aprendizaje deja de ser algo que “solo ocurre en la escuela” y se convierte en un proyecto colectivo compartido y situado.

  1. Pedagógico

Estrategias que priorizan la comunicación, el pensamiento crítico y el aprendizaje colaborativo:

  1. Comisiones mixtas: Espacios organizativos que reúnen a docentes, directivas, familias y actores comunitarios para trabajar conjuntamente por la educación inclusiva con perspectiva de género en la primera infancia. Se conforman en cada escuela participante y fomentan el diálogo horizontal, la confianza mutua y el reconocimiento de la inteligencia cultural.
  2. Grupos interactivos: Una estrategia de aula inclusiva que promueve las habilidades de comunicación y pensamiento crítico, adaptándose a las realidades sociales y culturales de estudiantes. Garantiza la participación activa de todos los niños y niñas con el apoyo de docentes y otras personas adultas de la comunidad.
  3. Círculos dialógicos: Espacios seguros donde se abordan temas específicos mediante un diálogo abierto, sin juicios ni retroalimentación, con el objetivo de construir conocimiento colectivo.

Las dos últimas estrategias fomentan la discusión y el desarrollo de ideas a través de cuentos, leyendas, narrativas, imágenes, símbolos y otros recursos, involucrando a niños y niñas y actores comunitarios. Permiten trabajar en diversos temas como la prevención de la violencia de género, el cuidado del medio ambiente o los principios básicos de la aritmética y la lectoescritura.

Investigación de Acción Comunitaria en la Práctica

Desde el inicio, las comunidades educativas rurales de Guatemala y Honduras no solo han participado, sino que también han adoptado el modelo. El primer paso fue la creación de Comisiones Mixtas —o Comisiones de Gestión en Guatemala— en el cual docentes, familias, directivas y actores comunitarios se reúnen para reflexionar sobre la educación y el cuidado de la primera infancia desde sus propias realidades.

Con base en este análisis, han priorizado problemas, diseñado planes de trabajo y comenzado a implementar soluciones creadas por quienes mejor conocen su territorio. Simultáneamente, se capacita a docentes en el uso de círculos dialógicos y grupos interactivos, metodologías que abren espacios de diálogo, fortalecen el pensamiento crítico y promueven el aprendizaje colaborativo desde los primeros años.

La adaptación del modelo de Aprendizaje Dialógico, por lo tanto, busca potenciar estas prácticas vitales proporcionando recursos que garanticen su continuidad y coherencia a lo largo del año escolar y fortalecer este rasgo distintivo integrando la participación comunitaria no solo como apoyo, sino también como parte constitutiva de la experiencia educativa.

En resumen, los hallazgos revelan no solo debilidades, sino también semillas de transformación ya presentes en las comunidades. El juego, la creatividad docente, el compromiso con la inclusión, la conciencia de género y la participación comunitaria son puntos de partida que facilitan la adaptación del modelo de Aprendizaje Dialógico, fortaleciendo sus características inclusivas y equitativas y haciéndolo más sostenible.

Con esta base, buscamos apoyar a las comunidades educativas con herramientas, conocimientos y prácticas culturalmente relevantes que garanticen la sostenibilidad del proyecto, a la vez que influimos en las políticas y los currículos para promover pedagogías inclusivas desde una perspectiva interseccional. El desafío es grande, es verdad, pero con comunidades activas, docentes con compromiso y políticas que respondan a la realidad de cada territorio, es posible. El camino hacia una EPI de calidad se construye desde la práctica cotidiana y en constante diálogo con quienes sostienen las escuelas en contextos rurales.

>> Mira la nota original: Una pedagogía comunitaria inclusiva para la educación de la primera infancia en Centroamérica

Traducción libre automática.

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