La CLADE sostiene que no es posible garantizar plenamente el derecho humano a la educación sin incorporar la justicia climática, la igualdad de género y la sostenibilidad de la vida como dimensiones centrales de las políticas educativas.
Desde esta perspectiva, la Educación Ambiental Transformadora (EAT) es entendida como un proceso político-pedagógico de concientización crítica que trasciende la alfabetización ecológica tradicional para situarse en la intersección de la justicia climática, la equidad de género y la defensa de los derechos humanos.
La EAT constituye una praxis orientada a cuestionar las causas estructurales de la crisis civilizatoria contemporánea, entre ellas el extractivismo, el patriarcado, el racismo estructural y las formas de desarrollo que subordinan la sostenibilidad de la vida a intereses económicos de corto plazo. Su propósito no es únicamente promover la adaptación frente al cambio climático, sino contribuir a la formación de sujetos políticos capaces de impulsar transformaciones democráticas y transiciones justas.
Este enfoque dialoga con la visión planteada por la UNESCO, según la cual la educación debe contribuir a la construcción de un nuevo contrato social basado en la cooperación, la justicia y la sostenibilidad. Asimismo, se alinea con la Recomendación sobre la Educación para la Paz, los Derechos Humanos y el Desarrollo Sostenible, que reconoce la necesidad de fortalecer capacidades para la participación democrática y la acción colectiva frente a los desafíos globales.
Frente a estos desafíos, la CLADE propone fortalecer la Educación Ambiental Transformadora como estrategia fundamental para garantizar el derecho humano a la educación y avanzar hacia la justicia climática y de género.
La CLADE reafirma que la educación debe ocupar un lugar central en las respuestas frente a la emergencia climática. Garantizar el derecho humano a una Educación Ambiental Transformadora significa apostar por sociedades que coloquen la sostenibilidad de la vida, la justicia redistributiva, la igualdad de género y la democracia en el centro de las decisiones públicas. Solo así será posible avanzar hacia transiciones justas que no dejen a nadie atrás.