Desde la popularización de la Inteligencia Artificial (IA) a partir del lanzamiento del modelo de lenguaje de OpenAI, el ChatGPT, su uso en los procesos educativos ha sido uno de los componentes más discutidos en las conversaciones diarias sobre el asunto. Un abordaje sobre el tema considera que los espacios educativos deberían actualizarse para capacitar estudiantes para un nuevo contexto laboral en que el uso de la IA sería la norma. Por otro lado, cualquier persona que tuvo contacto con estudiantes o docentes en los últimos años sabe que los modelos de IA generativa están siendo utilizados para buscar atajos, solucionar tareas y escribir textos evaluados por docentes como si fueran trabajos de autoría de sus estudiantes.
Este escenario de discusión y debate en los espacios educativos se replica en los espacios de discusión y toma de decisiones sobre la política pública. Desde el 2019, la UNESCO ha sacado varios documentos que tienen el objetivo de orientar el marco normativo para la aplicación de los sistemas de IA en la educación. Este proceso aún no encuentra paralelo en las normativas nacionales en América Latina y Caribe, en que decisiones vinculantes sobre el uso de la IA en la educación aún son escasas. Este vacío de regulación pone en riesgo el derecho a la educación pública y la garantía de los derechos humanos en los espacios virtuales gestionados por la educación, una vez que las corporaciones privadas pueden aprovecharse para impulsar sus agendas, como ya lo hicieron durante la pandemia (CLADE, 2024; UNESCO, 2025).
A partir de esta lectura de contexto emergió la necesidad de proponer un Curso sobre Uso crítico y ético de la Inteligencia Artificial en la educación, organizado por la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) como parte del proyecto Educación en Voz Alta y brindado por la organización Radios Libres. Este curso, cuya sistematización presentamos en este artículo, tiene como objetivo generar reflexiones para un uso más consciente de la IA en la educación, sea por estudiantes, docentes o en tareas de gestión educativa. No pone un punto final en la discusión, una vez que no es un manual de aplicación, sino que pone interrogaciones sobre afirmaciones enfáticas sobre la IA, proponiendo un uso responsable, basado en la inteligencia colectiva y protegiendo siempre el derecho humano a la educación.
La propuesta de la sistematización del curso
El curso se dirige a cualquier persona que tenga el interés de formarse sobre el tema, sin que sean necesarios amplios conocimientos previos sobre las tecnologías digitales o sobre la agenda del derecho humano a la educación. A través de seis módulos, el curso cubre un entendimiento sobre la IA, sus implicaciones, riesgos y posibilidades de aplicación, bien como una reflexión final sobre el futuro de la Inteligencia Artificial. A partir de la sistematización se espera que el contenido del curso quede accesible al público en general que no participó de las sesiones sincrónicas, posibilitando una apropiación del contenido a través de la lectura del material y, en el mejor de los casos, la discusión de sus reflexiones con otras personas interesadas en la temática.
Los primeros dos módulos se enfocan en desmitificar las tecnologías digitales y presentar la Inteligencia Artificial a través de la explicación de su funcionamiento. Se entiende que, en los espacios educativos, muchas veces la discusión está limitada a una educación con las tecnologías digitales, sin comprender una educación sobre dichas tecnologías. Estos módulos iniciales tienen el objetivo de trabajar sobre esta brecha, reconociendo que parte de las expectativas sobre la IA están basadas en falsas promesas de los productores de estas tecnologías y un desconocimiento sobre su operación.
A partir de eso, se plantean las preocupaciones éticas, políticas, sociales y ambientales con respecto a la Inteligencia Artificial. Este módulo se ocupa de trabajar estas dimensiones para que los sesgos, las limitaciones y el impacto ambiental y climático de la IA sean considerados al momento de trabajar sobre y con estos modelos en los procesos educativos. Este debate es importante para que se reconozca la necesidad de establecer regulaciones sobre el desarrollo de la IA, que no pueden ser consideradas como tecnologías limpias y neutras.
El cuarto y el quinto módulo se dedican a observar el impacto de la IA en la educación y las estrategias para un uso crítico en los procesos educativos. En el debate entre rechazar la IA o tornarla el centro de los procesos educativos, se rechazan ambas posibilidades y se busca proponer una educación crítica sobre la IA, centrándose en los sujetos de derecho, buscando un abordaje integral e interdisciplinario que esté basado en la tecnología, no en el uso de determinadas aplicaciones. Estos módulos recopilan recomendaciones de distintos organismos, e incluso de la CLADE a partir del debate entre las personas participantes en las sesiones sincrónicas, para incluir la IA en el aula sin poner en riesgo el derecho humano a la educación.
El sexto módulo, que finaliza el documento, se concentra sobre el futuro de la IA, comprendiendo que este es un tema que sigue evolucionando de manera exponencial. A pesar de que los análisis sobre su futuro pueden no pasar de especulaciones, es importante levantar el debate frente a una narrativa determinista de que el futuro de la humanidad demanda una apropiación inmediata de los sistemas privados de Inteligencia Artificial. En un escenario en que las corporaciones privadas avanzan un discurso de inmediatez, la invitación a parar y reflexionar críticamente sobre el futuro es fundamental para mantener un horizonte de garantía de derechos.
Impulsando narrativas de esperanza
Revista IC Instalando Alternativas al Monopolio Digital En un reportaje publicado por Business Insider un estudiante de educación universitaria pone la siguiente cuestión: “¿cuál es el valor de la educación si puedes literalmente automatizar todo el trabajo?”. Este estudiante programó un modelo de IA capaz de participar en las aulas, tomar notas, escribir ensayos y hacer tareas. Mediante la presión de empresas, el estudiante desactivó el bot, pero la pregunta sigue pertinente mientras vemos el número de usuarios de los modelos de IA generativa creciendo regularmente.
La verdad es que el problema destacado por el estudiante levanta un debate sobre una falla significativa de los procesos educativos: su reducción a la acumulación de conocimiento y expresión de este conocimiento mediante exámenes estandarizados. En un escenario en que la educación está reducida a cumplir este rol, las actividades docentes y de estudiantes pueden fácilmente ser delegadas a los sistemas de IA. Sin embargo, esta perspectiva reduccionista no avanza en la garantía del derecho humano a la educación.
Para garantizar el derecho humano a la educación es necesario comprender mucho más que los aprendizajes. La educación es un proceso que comprende la convivencia con personas distintas, la resolución de problemas colectivos a partir del diálogo, la transformación de identidades a partir del convivio, el juego, la formación de una ciudadanía crítica y tantas otras actividades sumamente humanas. Estos son procesos que no se pueden automatizar, sea a través de los sistemas de IA o de cualquier otra tecnología digital.
Aún así, es posible impulsar un uso crítico de la IA en la educación que no ponga a la educación misma en riesgo. Este fue el punto de partida de la tarea final del Curso sobre Uso crítico y ético de la IA en la educación, en que los y las participantes tuvieron que proponer talleres sobre el tema. Estas construcciones no buscan basar los procesos educativos en el uso de las tecnologías digitales, sino que profundizar los componentes humanos de la educación para aprender sobre dichas tecnologías.
Los talleres propuestos no se limitan a un determinado rango etario, reconociendo que distintos abordajes pueden ser utilizados para que estudiantes de distintas edades tengan acceso seguro y puedan hacer una apropiación de las tecnologías a su manera. También rompen con la idea de que la educación con la IA debe limitarse en la relación individuo-computadora, buscando hacer experimentaciones conjuntas y fortaleciendo la inteligencia colectiva frente a la Inteligencia Artificial. Estas actividades también nos muestran como los talleres pueden estar enfocados en distintos aspectos de la IA, de manera que aprender a usarla representa una parte de un conjunto de saberes más amplio que implica conocer sus riesgos, los sesgos de los modelos y las alternativas soberanas, éticas y basadas en el bien común.
Estas narrativas de esperanza nos ponen en otra posición en este debate. Desde el 2024, la CLADE viene posicionando la narrativa de la soberanía digital en la agenda educativa, realizando investigaciones sobre uso de tecnologías libres en la educación pública y pudo conducir una experiencia piloto de alfabetización digital crítica en una escuela. A partir de esta formación, nos ponemos también en una posición más creativa, propositiva y esperanzadora sobre el uso de la IA en la educación.
Desde la CLADE, esperamos que la sistematización de este proceso también sea esperanzadora y que el uso crítico y ético de la IA se vuelva la norma en nuestra región. El documento de sistematización está disponible aquí.
Publicado en la Revista Internet Ciudadana, número 17, Junio 2026.




