Son el conjunto de expectativas, normas, comportamientos, responsabilidades y atributos que una sociedad asigna a las personas en función del género que se les atribuye. Estas construcciones sociales y culturales suelen determinan qué actividades, capacidades, formas de relacionarse y espacios de participación se consideran apropiados para mujeres, hombres y personas con identidades de género diversas, variando según el contexto histórico, cultural y social. Los roles de género pueden reproducir desigualdades cuando limitan las oportunidades, la autonomía y el ejercicio pleno de derechos, especialmente en ámbitos como la educación, el trabajo, la participación política y el acceso a la tecnología. En educación, cuestionar los roles de género implica promover prácticas pedagógicas que desafíen los estereotipos, fomenten relaciones igualitarias y reconozcan la diversidad de identidades, trayectorias y proyectos de vida, contribuyendo a una educación inclusiva, no sexista y libre de discriminación.




