La superación de las discriminaciones de género implica cambios culturales, pero también esfuerzos políticos concretos, como la implementación de políticas públicas específicas para ello. La prioridad que los Estados le dan a sus líneas de acción se refleja en los presupuestos nacionales, por lo que es fundamental que los presupuestos domésticos cuenten con programas, proyectos y actividades que identifiquen y aborden las necesidades de las distintas personas y busquen la igualdad de género, con fondos suficientes para ello e indicadores desagregados por género para mensurar sus avances concretos.




