Es un proceso político-pedagógico de concientización crítica que trasciende la alfabetización ecológica tradicional para situarse en la intersección de la justicia climática, la equidad de género y la defensa de los derechos humanos en los territorios. Se define como una praxis que busca desmantelar las causas estructurales de la crisis civilizatoria —el extractivismo, el patriarcado y el antropocentrismo— mediante la reconfiguración de las relaciones de poder y la validación de saberes diversos (científicos, ancestrales y territoriales).




