Las sociedades suelen separar las tareas que se atribuyen a hombres y mujeres según factores económicos, tecnológicos, demográficos, culturales, ideológicos u otros. Esta separación puede ser más o menos rígida. En general, las actividades laborales realizadas por mujeres son menos valoradas y reproducen estereotipos de género, lo que dificulta que las mujeres gocen plenamente de sus derechos y alcancen la autonomía económica.




