
El Foro Social Panamazónico (FOSPA) es un espacio regional de encuentro, articulación y acción política que, desde su convocatoria en 2002, reúne a pueblos, comunidades, organizaciones, activistas, academia, entre otros actores comprometidos con la defensa de la Amazonía.
Este año 2026, su XII edición se realiza del 16 al 22 de agosto en Puyo, Ecuador, bajo el lema “Amazonía, un solo territorio”, convocando a representantes de los nueve países de la cuenca amazónica. El FOSPA busca construir una agenda común desde los propios territorios, frente al extractivismo, la crisis climática y las múltiples vulneraciones de derechos que afectan la Panamazonía.
La importancia del FOSPA para la región radica en que propone pensar la Amazonía desde las voces, saberes y propuestas de sus pueblos, reconociendo a los pueblos indígenas como sujetos políticos centrales en las decisiones sobre sus territorios, su presente y su futuro.
Los debates y propuestas que se reúnen en esta convocatoria responden a las realidades territoriales, se distribuyen en cuatro Casas Temáticas a saber: a) Territorios libres de extractivismo para una Amazonía con Derechos; b) Autonomía, autogobierno y derechos de los pueblos y nacionalidades, en la que se encuentra el eje de Educación, saberes propios y cosmovisiones para el buen vivir; c) Economías para la vida y la justicia climática y d) Resistencia de mujeres y diversidades.
Se configura como un espacio político-estratégico para la defensa integral de los territorios amazónicos frente al extractivismo. Busca impulsar un plan de acción panamazónico que fortalezca territorios libres de hidrocarburos y minería, y avanzar hacia horizontes post-extractivos basados en la libre determinación, la agroecología, el ecoturismo y los derechos de la naturaleza como bien común.
Se configura como un espacio político para reafirmar la autodeterminación de los pueblos y nacionalidades amazónicas frente a estructuras que han vulnerado sus derechos. Defiende el autogobierno como base para la protección de los territorios y la Panamazonía, y promueve el reconocimiento de los derechos colectivos, los sistemas de justicia propios y la participación en la toma de decisiones.
Se configura como un espacio para disputar las lógicas de despojo en la Amazonía y afirmar horizontes de transformación desde los pueblos y los territorios. Propone una reflexión crítica sobre las estructuras que subordinan la vida a la lógica del capital, al tiempo que visibiliza y fortalece alternativas basadas en la autodeterminación territorial, la justicia climática y las economías propias.
Se consolida como un espacio colectivo para visibilizar y enfrentar las múltiples violencias que afectan a las mujeres indígenas de la Panamazonía, en sus cuerpos y territorios, como resultado de un modelo extractivista, patriarcal y colonial. Impulsa una agenda que articula temas como cambio climático, gobernanza, violencia de género, salud, educación y participación política, fortaleciendo el Buen Vivir.

La Amazonía está habitada por comunidades que con frecuencia quedan al margen de las políticas de protección y garantía de derechos de los Estados, en ello la educación, como otros derechos se encuentran en permanente amenaza y vulneración.
Para la CLADE, defender la Amazonía implica defender el derecho humano a una educación pública, gratuita, pertinente, intercultural, contextualizada y transformadora, capaz de reconocer los saberes ancestrales y las cosmovisiones de los pueblos, fortalecer la ciudadanía y aportar a la construcción de alternativas frente al modelo de desarrollo extractivo. La CLADE participa desde el año 2024 en los espacios del FOSPA manteniendo la iniciativa de Educación popular, intercultural y comunitaria.
En el encuentro de este año 2026 se integra a la Casa “Economías para la vida y justicia climática”, en el cual se tiene previsto desarrollar el taller creativo “Leer, escribir y dibujar la Amazonía“ durante los días 18 y 19 de Agosto.
El taller virtual preparatorio al XII FOSPA de la Iniciativa Leer, escribir y dibujar la Amazonía se desarrolló como iniciativa conjunta de la CLADE y Latindadd.
El taller se propuso como un espacio participativo de encuentro, reflexión y creación sobre las diversas maneras de habitar, conocer, recordar e imaginar la Amazonía. A través de la mediación lectora, la escritura creativa y el dibujo, los y las participantes expresaron sus experiencias, conocimientos, memorias y vínculos con los territorios amazónicos, así como la reflexión sobre la riqueza biocultural, las amenazas que enfrentan y los futuros que desean construir.
La propuesta parte del punto de comprender la Amazonía como un territorio vivo, habitado y en disputa, cuya protección está vinculada con los derechos humanos y de la naturaleza, el derecho humano a la educación, el reconocimiento de los saberes de los pueblos y comunidades, la participación sustantiva y la justicia climática, educativa, de género y fiscal.
Este taller reunió personas de distintas partes de América Latina y El Caribe, todas conectadas en defensa de la Amazonía. Se destacan las creaciones generadas en este taller:
Germán Niño, integrante del Comité Internacional del FOSPA y de Latindadd comparte una reflexión sobre los desafíos que enfrenta la región y la necesidad de fortalecer la participación de los pueblos y organizaciones que habitan y defienden estos territorios. La Amazonía no puede ser entendida únicamente desde sus fronteras nacionales ni desde las decisiones de los gobiernos, sino como un territorio vivo, diverso y estratégico para el futuro de toda la humanidad. Se resalta la importancia de articular las luchas y saberes de los pueblos amazónicos, fortaleciendo procesos de participación, comunicación, educación popular y defensa de los territorios.
La defensa del derecho humano a la educación entonces es entendida como una clave para reconocer los conocimientos ancestrales, aportar en este sentido coloca la educación como una dimensión fundamental de la justicia social, ambiental y climática y como una fuerza capaz de acompañar las transformaciones que los pueblos amazónicos impulsan desde sus propios territorios.
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Invitación de Claudia María “Tata” Tamayo, escritora y socióloga, integrante del equipo de Latindadd y presidenta del Instituto Popular de Capacitación (IPC).
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La escritora resalta la iniciativa cultural “Leer, escribir y dibujar la Amazonía”, ella participa en esta experiencia, destaca que esta propuesta explora una herramienta vital para defender el derecho humano a la educación y la creatividad frente a los desafíos del contexto, invita a la comunidad a despertar sus sentidos y emociones para afrontar colectivamente los desafíos regionales.






Una educación pública, intercultural, comunitaria, transformadora, laica y gratuita para todos y todas, a lo largo de la vida, como responsabilidad del Estado, que enseñe a leer y escribir (y mucho más) es fundamental para fortalecer las capacidades de los pueblos amazónicos/ y no amazónicos para proteger sus territorios, ejercer sus derechos colectivos y construir alternativas a la crisis climática y extractivismo.
La Amazonía es territorio habitado, politizado y en disputa, su camino de justicia es un camino para la dignidad colectiva. La protección de la Amazonía requiere reconocer y garantizar los derechos de la naturaleza y de todos los pueblos indígenas, afrodescendientes, ribereños y comunidades campesinas, cuyos conocimientos, formas de vida y prácticas de cuidado son esenciales para la conservación del territorio y el equilibrio climático del planeta.
Los sistemas educativos deben reconocer los conocimientos ancestrales, promover el diálogo de saberes y formar ciudadanía crítica para la defensa de los bienes comunes, la protección de la biodiversidad y los derechos humanos, respetando la diversidad cultural y lingüística de la Amazonía. Los Estados deben garantizar la educación, la protección ambiental y los derechos sociales, en lugar de sostener modelos económicos que profundizan el despojo, la contaminación y las desigualdades.
Garantizar el derecho humano a la educación permite que las comunidades amazónicas ejerzan plenamente su derecho a decidir sobre sus territorios más allá de la consulta previa que a veces ha quedado con la formalidad, a su vez cuestionen los modelos extractivistas y construyan alternativas basadas en la justicia ambiental, la equidad y los derechos humanos.
Porque la Amazonía trasciende las fronteras nacionales, se requiere fortalecer la cooperación entre los países amazónicos, los movimientos sociales, la sociedad civil y los organismos internacionales para promover políticas que prioricen la justicia climática ambiental.

Carta Temática CLADE: Educación Ambiental Transformadora
Testimonio de Luna Contreras, educadora popular e integrante del Consejo de Mujeres Awajún Wampis, quien destaca la urgente labor de denuncia frente a la violencia sexual que afecta a niñas y adolescentes en las zonas mineras del norte de Perú. Esta lucha por el derecho de las infancias a una vida digna y protegida es un pilar central en la organización de la “Casa de la Resistencia de las Mujeres”, un espacio de articulación regional en el cual se analizan los impactos negativos de los modelos extractivos sobre los cuerpos y los proyectos de vida de las menores en la Panamazonía.
Para el Consejo, la garantía de los derechos de los niños y adolescentes es indisociable de la defensa del territorio amazónico. A través de estrategias de resistencia como la educación propia, la salud ancestral y el fortalecimiento de la soberanía alimentaria, las comunidades buscan construir redes de protección y justicia propia. En este sentido, la docente investigadora enfatiza que hablar de los derechos de la niñez y de las mujeres amazónicas es, en esencia, una forma fundamental de defender y preservar la Amazonía frente a las amenazas externas.
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Israel Coelho integrante del equipo regional de la CLADE sostiene que la justicia climática y ambiental debe estar intrínsecamente ligada a la justicia educativa, garantizando el derecho a una formación pertinente que trascienda la lógica del consumo.
Desde su experiencia en las zonas afectadas por la minería, propone en representación de la CLADE, que la educación actúe como una clave de las economías para la vida, capaces de hacer frente a modelos ilegales y extractivistas.
Podemos coincidir señala Israel en transformar a las personas en sujetos que vivan en sintonía con su entorno, rescatando el “verbo aprender” como una herramienta de transformación social, afirmó en su intervención durante el debate de la Casa Economías para la vida y Justicia Climática en el primer día del Foro Social Panamazónico (FOSPA).
Para alcanzar esta visión, es vital fortalecer el intercambio de saberes entre generaciones, permitiendo que el conocimiento de los ancestros y la energía de la juventud converjan para romper brechas y crear soluciones territoriales.
En tal sentido propone como línea de acción la creación e integración de “escuelas vivas” en las agendas de justicia climática, espacios donde el aprendizaje no sea estático, sino una práctica constante de cuidado y defensa del ambiente. El camino por una educación popular busca que las comunidades se reconozcan como parte esencial de un tejido vivo que debe ser protegido y fortalecido de forma permanente.
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La Federación Internacional Fe y Alegría parte de la membresía CLADE también participa del FOSPA en esta edición 2026, y lo hace con una experiencia de cartas que busca abrir el diálogo desde las infancias y juventudes con el mundo. Las cartas a la tierra son una invitación a mirar y escuchar desde otro lugar. En tiempos de crísis climática, cuando los discursos suelen saturar sin transformar, las voces de las niñas niños y adolescentes irrumpen con una claridad distinta, la del asombro, la empatía y la esperanza activa.
Este conjunto de cartas y dibujos reunen expresiones nacidas en ambientes de aprendizajes como patios, aulas y comunidades de distintos paises, y viaja desde las Cumbres de los Pueblos (2025) en Belén de Brasil hacia el FOSPA (2026) en Puyo, Ecuador.
Cada carta es fruto de un proceso pedagógico y reflexivo, de reconocimiento de los vínculos que nos unen a la naturaleza con respuestas concretas, como un acto de aprendizaje, un ejercicio de pensamiento crítico que nace desde el amor a la tierra, en la que niñas, niños adolescentes de varios países nombran lo que les duele y tambien plantean acciones significativas de como salvarlo.







A propósito de los diálogos panamazónicos, Carla Maruri, integrante del equipo técnico de apoyo de la Red de Mujeres Rurales de América Latina y el Caribe (RED LAC), comparte un saludo de su secretaria ejecutiva, Luz Haro celebrando el reencuentro en entornos territoriales. Su intervención destaca el contexto del Decenio Interamericano por los derechos de todas las mujeres, adolescentes y niñas en entornos rurales de las Américas, un marco crucial para impulsar la reflexión sobre el rol protagónico de las mujeres indígenas, afrodescendientes y mestizas en la transformación de la ruralidad, superando las brechas de género que históricamente las han afectado.
Carla defiende firmemente que la educación constituye la herramienta clave y transformadora para cambiar estas realidades, explica que desde REDLAC se impulsa un espacio de formación virtual mediante una plataforma de aula virtual construida a partir de una agenda política fruto de intensos debates de incidencia, reafirmando que el conocimiento es un impulso fundamental para que las mujeres puedan incidir activamente en sus entornos y redefinir su propio futuro.
En los entornos rurales, la Educación de Personas Jóvenes y Adultas (EPJA) se convierte en algo crucial para generar la justicia de género, permitiendo que mujeres de diversas generaciones, quienes a menudo enfrentan barreras de acceso al sistema educativo formal, lideren procesos organizativos y comunitarios. Al vincular el aprendizaje virtual con una agenda de incidencia política, esta iniciativa demuestra cómo la educación a lo largo de la vida es clave para la defensa del territorio y la transformación social desde las propias comunidades.
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Desde el territorio Waorani en Ecuador, Maritza Caigua comparte el valor de preservar el idioma ancestral y las raíces culturales heredadas de sus abuelos y abuelas. Hace un llamado a la educación colectiva de infancias, juventudes y personas adultas, instando a las familias a apoyarse mutuamente para sostener su propia educación y compartir saberes tradicionales, como el tejido, frente a situaciones adversas sostenidas por décadas como por ejemplo la contaminación causada por la industria petrolera.
En su intervención, define tres prioridades claras: convivir en armonía en la casa común, impulsar el desarrollo educativo de la juventud y mantener viva su cultura junto a las personas sabias de la comunidad.
Por su parte, Marta Chaves Orozco, voluntaria mexicana con más de dos años de labor en la comunidad de Dícaro, detalla los avances educativos en la selva profunda.
Gracias al uso de la tecnología, 17 jóvenes acceden actualmente a estudios universitarios a distancia en la carrera de Educación Intercultural Bilingüe, logrando ya sus primeras graduaciones para que sean quienes integran la comunidad asuman el liderazgo en las escuelas locales. Este proceso se complementa con la Escuela Sociopolítica Ecológica Achakaspi Bula, en la cual jóvenes waorani y kichwas comparten y fortalecen su cosmovisión y sabiduría originaria, construyendo lazos de interculturalidad y defensa territorial.
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Israel Coelho Quirino
La agenda del derecho humano a la educación se manifiesta en las discusiones del FOSPA de distintos modos. En todos los espacios se valora el conocimiento de los ancestros de poblaciones indígenas, originarias y tradicionales, destacando el potencial que tienen de frenar el colapso climático. Sin embargo, también hay dificultades en la transmisión de este conocimiento a las juventudes, al tiempo que no se integra a los procesos educativos y se distancia de las prioridades y aspiraciones.
Sostener este intercambio de saberes a partir del encuentro intergeneracional es una difícil tarea que incluye la agenda educativa. En distintos momentos se mencionó la importancia de la educación multilingüe, para mantener vivas las formas de expresión originarias de la Amazonía. Es clave mantener las escuelas vivas, que incluyen el aprendizaje con el territorio y el cuidado a la Tierra, como alternativas a los procesos educativos que forman consumidores, en lugar de humanos en armonía con su entorno.
Desde el espacio de las juventudes se mencionó la relevancia de la educación sobre los derechos, incluyendo aprendizajes sobre los derechos humanos reconocidos globalmente y las leyes nacionales. Estos procesos educativos deberían enseñar formas en las cuales las juventudes exijan el cumplimiento de sus derechos, ejerciendo una ciudadanía activa desde primera edad.
Estos avances apuntan a una realidad concreta: no es posible pensar el futuro de la Amazonía sin pasar por la educación. Es a partir de la garantía del derecho humano a una educación pertinente y transformadora que se construyen las bases del futuro que queremos para la Amazonía y toda la humanidad.
A las organizaciones, colectivos y personas comprometidas con la justicia climática y que participaron en el FOSPA, queda la tarea de articularse, sumar esfuerzos, intercambiar estrategias y avanzar en conjunto hacia la protección de todos los derechos humanos y los derechos de la naturaleza en la Amazonía.
Socorro Papoula, activista feminista, actriz y representante del Comité Internacional del FOSPA, describe al Foro como un espacio vital para entrelazar las luchas de las mujeres amazónicas de los nueve países de la región.
Desde su labor con recolectoras, ribereñas e indígenas en Manaus (Brasil), Socorro visibiliza cómo el modelo extractivo y los megaproyectos violentan directamente tanto los territorios geográficos como el “territorio-cuerpo” de las mujeres, el cual sufre los impactos de la contaminación por venenos en la flora forestal, la intoxicación de ríos y peces generada por el garimpo (minería ilegal).
Frente a este panorama de despojo, la activista aboga por una pedagogía del cuidado y del “esperanzar”, en total sintonía con la educación para la vida que defiende la CLADE, que movilice de manera articulada la mente y el corazón de las mujeres.
La propuesta pedagógico-política llama a la acción conjunta y la autogestión de las mujeres para proteger colectivamente a la Madre Tierra y asegurar la supervivencia de las futuras generaciones. La actriz enfatiza la necesidad de consolidar la conciencia política de que el territorio amazónico les pertenece y que son las propias comunidades organizadas quienes deben decidir sobre su destino.
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Desde Orellana en Ecuador, el joven de la nacionalidad Kichwa Diestefano Grefa alza la voz en representación del Campamento Permanente Juvenil del FOSPA para resaltar la importancia estratégica de la educación comunitaria y la formación política de las nuevas generaciones. Grefa sitúa la experiencia educativa de la “Casa Uno” como un pilar fundamental para que las juventudes de las nacionalidades indígenas comprendan críticamente el impacto devastador del extractivismo en sus territorios y construyan, colectivamente, alternativas viables para mitigar estos daños.
Para el joven líder, el derecho a la educación en clave territorial implica apropiarse de herramientas legales y jurídicas esenciales, partiendo del conocimiento de sus propios estatutos comunitarios y de los derechos colectivos consagrados en la Constitución. Bajo la consigna “juventud unida por la educación y la dignidad”, se reafirma que esta preparación técnica y política busca honrar el legado de resistencia de sus antepasados, garantizando que las futuras generaciones estén preparadas para sostener la defensa de una Amazonía próspera, libre de explotación y con un territorio seguro donde vivir.
La cineasta y actriz de Belém do Pará (Brasil), Celia Maracajá comparte una profunda reflexión sobre la simbiosis entre cultura y educación en el territorio amazónico. Para la documentalista, estos dos movimientos corren el riesgo de entenderse de forma aislada, y al contrario subraya la necesidad de una caminar conjunto para tejer una resistencia cultural que sostenga la vida frente a las amenazas que enfrenta el continente panamazónico.
Evocando la memoria de los pueblos originarios como los Tupinamba en las orillas del río Guamá, la artista nos recuerda que la identidad y la memoria histórica son pilares educativos vivos que sostienen la existencia comunitaria.
Con una perspectiva plenamente alineada con la educación popular y emancipadora, se enfatiza que los procesos de formación trascienden con creces la escolarización formal, pues el ser vivo humano se educa y se forma de manera constante a lo largo de toda su existencia.
En el marco de la articulación del FOSPA, Celia destaca que este intercambio de saberes y expresiones culturales es lo que permite a las comunidades auto-reconocerse, crear resistencia colectiva y seguir marchando con dignidad en una movilización permanente por la justicia social y la vida digna.
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Stanley Hubert Liauw-Angie es un dirigente indígena de Surinam y presidente de la Organización de Indígenas de Surinam (OIS), organización que representa y defiende los derechos e intereses de los pueblos indígenas del país. Su trayectoria está vinculada a la promoción de los derechos colectivos, la participación de las comunidades indígenas y el reconocimiento de sus identidades y territorios. Desde hace varios años participa en espacios nacionales e internacionales de diálogo sobre los derechos de los pueblos indígenas.
La OIS desarrolla su acción en un país caracterizado por una importante diversidad cultural y étnica, donde los pueblos indígenas, entre ellos los pueblos Lokono/Arawak, Kaliña/Caribe, Trio y Wayana, forman parte de la historia y del presente de Surinam. En los últimos años, Liauw-Angie ha insistido en la necesidad de reconocer la presencia, la historia y los derechos de estos pueblos, incluida la reivindicación de sus territorios y espacios de vida.
Reconocer las distintas culturas, lenguas, memorias, conocimientos y formas de comprender el mundo implica cuestionar modelos educativos que históricamente han invisibilizado o subordinado los saberes de los pueblos indígenas.
Una educación verdaderamente democrática debería, por ello, abrir espacios para que las comunidades sean protagonistas de los procesos pedagógicos y para que sus conocimientos y experiencias formen parte de lo que se aprende, se enseña y se construye colectivamente.
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La Declaración Política de Puyuk, elaborada en el marco del XII Foro Social Panamazónico (FOSPA), plantea que enfrentar la crisis climática requiere reconocer los conocimientos, las culturas y las formas de vida de los pueblos que históricamente han habitado y protegido la Amazonía. Desde esta perspectiva, la educación puede ser una herramienta para fortalecer la defensa de los territorios, la participación democrática y las alternativas frente al extractivismo.
La Declaración suscrita el 20 de agosto de 2026, advierte que la Amazonía se encuentra cerca de un punto de no retorno debido al avance del extractivismo, la deforestación, la pérdida de biodiversidad y los impactos de la crisis climática. Frente a esta realidad, los pueblos y organizaciones reunidas en el XII FOSPA reivindican la necesidad de fortalecer sus autogobiernos, economías propias, la defensa territorial y una transición justa basada en sus sistemas de conocimiento. La declaración reconoce, además, que la Amazonía es un territorio vivo, fundamental para la biodiversidad y el equilibrio climático del planeta.
En este escenario, educar desde los territorios significa reconocer que existen múltiples formas de conocer, comprender y relacionarse con la naturaleza. La Declaración recupera expresamente la importancia de los saberes ancestrales y de los sistemas de conocimiento indígena y afrodescendiente como parte de las alternativas frente al modelo extractivo. Estas perspectivas están vinculadas con economías comunitarias, soberanía alimentaria, autonomía y respeto por los derechos de la naturaleza y los derechos humanos.
La educación ambiental y climática, desde esta mirada, no puede reducirse a transmitir información sobre el cambio climático. Implica aprender a leer críticamente las causas de la crisis y reconocer las experiencias de quienes viven sus impactos y defienden los territorios. La Declaración propone, por ejemplo, una Red Amazónica de monitoreo ambiental comunitario que articule conocimientos ancestrales, académicos y científicos, respaldada por un atlas vivo que documente las afectaciones territoriales. Esta propuesta muestra el valor de poner en diálogo diferentes formas de producción de conocimiento para cuidar la Amazonía.
La justicia climática requiere, asimismo, reconocer que los impactos de la crisis no se distribuyen de manera igualitaria. La Declaración señala que los países del Sur Global y, dentro de ellos, las poblaciones en situación de vulnerabilidad, enfrentan de manera desproporcionada las consecuencias de un modelo de desarrollo basado en la mercantilización de la naturaleza y la explotación de los bienes comunes.
Por ello, una educación comprometida con la justicia climática incorpora una perspectiva de derechos, interculturalidad, diversidad y participación. Contribuye a comprender las desigualdades ambientales, cuestionar las falsas soluciones y fortalecer las capacidades de las comunidades para participar en las decisiones que afectan sus territorios. En particular, la Declaración llama a garantizar una participación efectiva que incorpore las voces de niñas, niños, juventudes y mujeres en la construcción de agendas y acciones para la defensa de la Amazonía.
Uno de los aportes más potentes de la Declaración es su reconocimiento del papel de las juventudes. El documento afirma que los pueblos amazónicos han resistido durante siglos y han enseñado que es posible construir “otra forma de habitar la Tierra”, basada en escuchar y cuidar el territorio viviente. Las juventudes aparecen como protagonistas de esta continuidad: son convocadas a participar, dialogar entre generaciones y pueblos, y transformar la urgencia climática en propuestas colectivas.
Esta perspectiva interpela directamente a los sistemas educativos. La educación puede ser un espacio de transmisión y renovación de las memorias, lenguas, conocimientos y prácticas que permiten sostener la vida, pero requiere reconocer a las comunidades como sujetas de conocimiento y no únicamente como destinatarias de contenidos elaborados desde fuera de los territorios. Educar para la justicia climática supone, así, aprender con los pueblos y desde sus experiencias, articulando conocimientos ancestrales, comunitarios, científicos y académicos.
La Declaración vincula la defensa de la Amazonía con la construcción de Economías para la Vida, entendidas como prácticas y relaciones que colocan en el centro la dignidad, los derechos, la diversidad, el cuidado, la autonomía y la sostenibilidad de los ecosistemas. Estas economías reconocen la diversidad de los pueblos y sus formas de habitar los territorios y buscan transformar las condiciones en las que producimos, intercambiamos, cuidamos y tomamos decisiones colectivas.
Desde la perspectiva del derecho humano a la educación, este planteamiento abre una oportunidad para pensar la educación como parte de las respuestas frente a la crisis socioambiental. Una educación pública, intercultural, democrática y transformadora debe contribuir a que niñas, niños, adolescentes, jóvenes y personas adultas comprendan las relaciones entre ambiente, derechos, desigualdad y modelos de desarrollo; valoren los saberes de sus comunidades; y desarrollen capacidades para participar en las decisiones que afectan sus vidas y territorios.
La justicia climática es, en ese sentido, una cuestión educativa. Defender el derecho a aprender implica defender las condiciones que hacen posible la vida y reconocer que no hay educación transformadora si los pueblos pierden sus territorios, sus culturas, sus conocimientos y sus posibilidades de decidir sobre su futuro. La Declaración llama a convertir esta visión en acción colectiva y a mantener la articulación de los pueblos de la Pan-Amazonía para proteger un territorio que, como reafirma el documento, “es un territorio vivo”.
La Carta de las Mujeres de la Casa de la Resistencia de las Mujeres y Diversidades vincula la Educación Sexual Integral (ESI) con la defensa de los cuerpos, los territorios y una vida libre de violencias. Desde una perspectiva feminista, intercultural y de derechos, las mujeres denuncian la violencia sexual que afecta a mujeres, niñas, niños y adolescentes en los territorios amazónicos y demandan el involucramiento urgente de organizaciones y autoridades para erradicarla. En este marco, cuidar las vidas y las infancias es entendido como una forma de cuidar la Panamazonía, al tiempo que se reivindica la soberanía sobre los cuerpos y el derecho de las mujeres a participar en igualdad de condiciones en las decisiones que afectan sus vidas y territorios.
La propuesta se amplía hacia una educación y pedagogía que reconozcan los saberes ancestrales de las mujeres, la diversidad cultural y el diálogo entre generaciones. La Carta plantea generar espacios de salud mental comunitaria y promover la pedagogía sobre prácticas de salud comunitaria ancestral, como la partería, la sanación y la atención de enfermedades, mediante intercambios entre las mayoras y las juventudes. Así, la ESI puede leerse en el documento como parte de una educación para el cuidado, la autonomía corporal, la prevención de las violencias y el reconocimiento de conocimientos comunitarios, condiciones indispensables para una justicia ambiental, climática, social y reproductiva que garantice la participación plena de las mujeres y diversidades.
Mira un resumen audiovisual aquí:



La CLADE participó en la reunión preparatoria del XII Foro Social Panamazónico (FOSPA) 2026 que se realizó en marzo en la misma ciudad del FOSPA, Puyo provincia de Pastaza en la Amazonía ecuatoriana. La reunión del Comité Internacional definió lineamientos políticos, metodológicos y organizativos para este encuentro regional. Para más información leer el artículo:

La CLADE comparte la colección especializada en derecho humano a la educación y justicia ambiental climática que reúne investigaciones e informes sobre la garantía a la sostenibilidad y la equidad socioambiental, aportando en el fortalecimiento de la incidencia, la formación y el debate público que apuntan a políticas educativas justas frente a la emergencia climática.
El “Estudio sobre prácticas inspiradoras en educación para la justicia climática y de género“ destaca diez iniciativas de la sociedad civil que aplican la Educación Transformadora de Género (ETG) como una herramienta para enfrentar el colapso climático.
Destacamos tres de estas experiencias que se enfocan en el empoderamiento de mujeres rurales y/o indígenas, incluyendo aquellas originarias de la Amazonía.
| Producción General y textos: | María Cianci Bastidas |
| Cobertura: | Israel Coelho Quirino y María Cianci Bastidas |
| Edición de videos y revisión: | Sandra Luz Cruz |
| Imágenes: | FOSPA |