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“La educación es el catalizador de una transformación sostenible” – Reflexiones sobre la Declaración de Incheon

22 de Mayo de 2015

“Si bien las metas concretas no estarán prontas hasta que se acuerde el lenguaje del Objetivo de Desarrollo Sostenible sobre educación, en Nueva York, en setiembre, es evidente que la agenda es ambiciosa. Como tal, más que nada habrá una imperiosa necesidad de movilizar recursos financieros a nivel interno y externo”, afirma David Archer

Por David Archer, de Action Aid e integrante del Comité Directivo de la Campaña Mundial por la Educación

Fuente: GPE
Traducción al español: Marcela Hernández

Me encuentro escribiendo esta reflexión una hora después de haberse aprobado la Declaración de Incheon – y tenemos muchos motivos para celebrar en este Foro Mundial de Educación (FME) que está llegando a su fin en Corea. No es fácil lograr que varios gobiernos, agencias y organizaciones de distinto tipo lleguen a un acuerdo sobre una agenda en común.

Se reafirma, con gran fuerza, la educación como derecho humano fundamental y como bien público. También se reafirma que los gobiernos tienen la responsabilidad primordial de implementar la agenda pero con un claro compromiso hacia la rendición de cuentas, la transparencia, la gobernanza participativa y las alianzas coordinadas a todo nivel.
Asimismo celebro el fuerte compromiso con los maestros y las maestras que “se empoderan, se contratan en condiciones adecuadas, reciben una capacitación adecuada, están calificados/as a nivel profesional y reciben motivación y apoyo.” Quizás suene verborrágico pero dada la falta de atención que han recibido los maestros y las maestras en los últimos años, ¡considero que esto es importante!
El Foro de la Sociedad Civil que se realizó previo al FME, con la participación de más de 300 personas de todo el mundo, expuso algunos temas importantes que pueden ayudar a desarrollar la nueva agenda acordada.

La imperiosa necesidad de un mayor financiamiento interno y externo para la educación

Si bien las metas concretas no estarán prontas hasta que se acuerde el lenguaje del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) sobre educación, en Nueva York, en setiembre, es evidente que la agenda es ambiciosa. Como tal, más que nada habrá una imperiosa necesidad de movilizar recursos financieros a nivel interno y externo.

La declaración acordada brinda algunos fundamentos. Exhorta a apoyar la asignación, a nivel nacional, de “por lo menos 4-6% del PIB y/o por lo menos 15-20% del total del gasto público en la educación”. La India, con el apoyo de Nigeria, Bangladesh y Sudáfrica recomendaron que el avance hacia este objetivo fuera contextual y gradual. En algún aspecto, esto refleja la obligación de los derechos humanos a cumplir, paulatinamente, con el derecho a la educación con el máximo de los recursos disponibles.

Los y las activistas de la sociedad civil en cada país deberán estar atentos/as para asegurar que, por consiguiente, los presupuestos de los gobiernos aumenten realmente año a año según los niveles de gasto acordados.

La justicia fiscal es fundamental para asegurar más financiamiento a nivel nacional

El documento completo, el Marco de Acción de Incheon, ofrece una buena orientación sobre la movilización de recursos a nivel nacional, apelando a una “mayor base tributaria (en particular eliminando los nocivos incentivos fiscales) previniendo la evasión de impuestos”. La declaración del Foro de la Sociedad Civil da un paso más y destaca la necesidad de abordar “la fuerte evasión fiscal que a pesar de ser técnicamente legal, puede ser inmoral al negarle a los países los fondos necesarios para cumplir con el derecho a la educación” y se adhiere al llamado a la conferencia de la Financiación para el Desarrollo para crear “una entidad intergubernamental habilitada para establecer normas fiscales y hacerlas valer – como paso fundamental para poner fin al abuso de los paraísos fiscales”.

Si realmente queremos asegurar financiamiento para esta nueva agenda de educación, necesitaremos trabajar en todos estos temas – abordando el porcentaje del presupuesto que se destina a la educación así como la magnitud del presupuesto del gobierno en general.

Mejorando la eficacia de la ayuda

Evidentemente, la ayuda financiera externa también jugará un rol fundamental brindando recursos adicionales “para apoyar la implementación de la agenda de acuerdo con las necesidades y las prioridades de los países”. La declaración demanda un aumento de la ayuda internacional para el desarrollo, dirigiendo el apoyo hacia los países menos desarrollados.

Lamentablemente la declaración no demanda explícitamente que se duplique la ayuda para la educación básica o que se establezca un parámetro para las buenas prácticas, del 10% de la ayuda destinada a la educación básica tal como lo demanda el foro de la sociedad civil.

La petición de “mejorar la eficacia de la ayuda a través de una mejor coordinación y armonización es de especial relevancia para la Alianza Mundial para la Educación. Por lo tanto es procedente que la Alianza Mundial haya sido invitada a ser parte del futuro mecanismo de coordinación global. Esto tiene implicancias sobre el próximo plan estratégico de la Alianza Mundial, que deberá apoyar explícitamente los planes del sector de la educación abordando en su totalidad las metas de la educación, aún cuando los recursos de la Alianza Mundial para la Educación se centren en la educación básica. La clave será fortalecer procesos efectivos, inclusivos y transparentes a nivel nacional.

La declaración de Incheon dice que la educación es “el principal motor del desarrollo y fundamental para alcanzar los otros ODS propuestos”. Pero si queremos que la educación no sea sólo uno más de los 17 ODS y que sea considerada como el corazón de la futura agenda, necesitamos tener un argumento que sea convincente.

Necesitamos cambios fundamentales para alcanzar la visión del 2030 sobre el desarrollo sostenible y esto requiere que las personas de todas las generaciones se conviertan en ciudadanos y ciudadanas activos/as a nivel global con nuevos conocimientos, nuevas actitudes y nuevos comportamientos. La educación, desde el nacimiento y a lo largo de toda la vida, es un catalizador fundamental para dicha transformación.