La humanidad tiene una enorme deuda con la primera infancia. Nos encontramos en una coyuntura histórica profundamente cruel y dolorosa para la niñez que exige la construcción de una acción decidida que la revierta y que asegure el bienestar y el desarrollo pleno de los niños y niñas desde su nacimiento. La causa por los derechos humanos de la infancia debe ser puesta en el centro de las agendas políticas de todos los países para asumir, enfrentar y superar los riesgos, sufrimientos e injusticias que viven las y los más pequeños en la etapa fundacional de sus vidas.