Según Nelsy Lizarazo, coordinadora general de la CLADE, con el contexto de pandemia y el cierre de las escuelas, hubo en la región la demanda más rápida y amplia ya vista de tecnologías para la enseñanza a distancia y también para la comunicación entre estudiantes y docentes, lo que ha generado una profundización de las desigualdades educativas y sociales, con el refinamiento de la estratificación entre estudiantes: con posibilidades de acceso y conectividad y acompañamiento de sus familias en casa; con posibilidades de acceso y conectividad, no de acompañamiento; con poco acceso y conectividad y sin acompañamiento; sin acceso, sin conectividad (comunidades indígenas y rurales).

“Los Estados al no estar preparados para este paso a la virtualidad generaron alianzas con grandes compañías como Zoom, Facebook, Google for Education, YouTube, entre otras. Estas organizaciones inversoras en educación se aproximan al Estado como si brindaran un servicio filantrópico. El Estado le abre las puertas y le facilita la base de datos de prácticamente todos los trabajadores y trabajadoras de la educación, o sea lo primero que entregó el Estado son los datos de los profesores y profesoras, de los y las estudiantes y de las familias”, destacó Nelsy Lizarazo durante el lanzamiento de la Campaña Mil Millones de Voces por la Educación.

Blanca Cecilia Gómez, de la Coalición Colombiana por el Derecho a la Educación, cuenta que la conectividad a la Internet en Colombia llega solo a la mitad de la población. “Sobre todo en las áreas rurales y suburbanas no hay red de conexión, además los costos son muy altos y eso impide el acceso de gran parte de la población”. 

En Panamá, la carencia de dispositivos, como computadoras portátiles o celulares, impedía que la educación virtual pudiera llegar a un segmento significativo de la población estudiantil. “Según datos oficiales, más de 200 mil estudiantes no pudieron conectarse y recibir sus clases virtuales”, explicó Diógenes Sanchez, de la Coalición Panameña por el Derecho a la Educación.

Para Jesús Juárez, de la Campaña por el Derecho a la Educación en México (CADEM), un desafío para este año tiene que ver con abordar la desigualdad de acceso a medios electrónicos y digitales que han acompañado la educación a distancia. “Además, hay que transitar de las TIC [Tecnologías de Información y Comunicación] a las TAC (Tecnologías del Aprendizaje y el Conocimiento) y a las TEP (Tecnologías del Empoderamiento y la Participación) a través de la gestión colaborativa en ambientes de aprendizajes virtuales para ir construyendo ciudadanía digital”.

El derecho de acceso a la información y el derecho a la privacidad no son derechos discordantes, sino complementarios. Especialmente en tiempos de pandemia, van a ser fundamentales para la plena garantía del derecho a la educación en el ambiente digital

Fernanda Campagnucci – artículo “Tras la pandemia: La encrucijada de derechos digitales en la educación” publicado en la 551 edición de la Revista América Latina en Movimiento

El derecho a la privacidad

Otra cuestión que trajo a debate la demanda por nuevas tecnologías es el derecho a la privacidad. Fernanda Campagnucci, en su artículo “Tras la pandemia: La encrucijada de derechos digitales en la educación” analiza que, al mismo tiempo en que es necesario reafirmar el derecho y contener retrocesos acerca de la privacidad, también es necesario abogar por el rescate de la noción de datos públicos como un bien común. “La realización de esta idea depende de una gobernanza pública de la infraestructura digital, en la que el Estado se coloque como garante de estos derechos digitales”, dice en su artículo.

Para la investigadora, los mecanismos de usurpación y desvío de finalidad de datos personales de la comunidad educativa [a partir del uso de las TIC en procesos de enseñanza-aprendizaje] tienen potencial de profundizar desigualdades y tornar todavía más vulnerables a los grupos históricamente expuestos a procesos de exclusión y discriminación.

Marcela Browne, de la Campaña Argentina por el Derecho a la Educación, afirma que la educación virtualizada puso a desnudo también la falta de competencias digitales y la falta de conectividad y aparatos tecnológicos. “Sobre todo también porque había una creencia en que las juventudes pudieran hacer cualquier cosa con la tecnología, y la pandemia demostró que los adolescentes y jóvenes son más consumidores de tecnología y de plataformas que productores de conocimiento”

Instamos a los gobiernos que garanticen el acceso universal y público al internet como un derecho, y no como una mercancía. Desarrollando plataformas virtuales propias y abiertas, que garanticen nuestra
soberanía en materia de tecnología educativa

Carta en cuarentena – Declaración Final de la XI Asamblea Regional CLADE 

Para saber más sobre el tema

Diversos usos del software libre

Video sobre los diversos usos del software libre para la educación, que analiza cuestiones como: ¿Qué herramientas existen? ¿qué tipo de aplicaciones abiertas se han usado durante la pandemia? ¿qué tecnología podemos usar para mejorar nuestra clases? ¿cuál será el futuro del software libre para la educación después de la pandemia?


 


Análisis sobre privacidad y educación

Fernanda Campagnucci elaboró un documento de trabajo sobre los derechos digitales en su relación con la educación, el cual se presentó y discutió en la XI Asamblea Regional de la CLADE.

 

Falta de condiciones dignas de trabajo a los y las docentes

Falta de contrato fijo, más de un empleador, trabajo pago por horas, inestabilidad y sobrecarga laboral, baja salarial. Estos son algunos de los retos que los y las docentes en América Latina y el Caribe ya venían enfrentando y con la pandemia se profundizaron. 

Omar Orlando Pulido Chaves, investigador de la Universidad Nacional de Colombia, en su artículoEn tiempo de pandemia: precarización de la labor docente”, afirma que el acto pedagógico, la materialización del trabajo docente, se vio fuertemente impactado por la educación a distancia, pues la premura generada por la emergencia limitó el alcance de la “virtualidad”.

Añadió que, con la educación a distancia se profundizó la segmentación educativa. “En algunos casos no se tenía acceso al computador y en otros al celular o al plan de datos. En otros casos se tuvo que trabajar con guías físicas que había que hacer llegar a los estudiantes como fuera. Las condiciones materiales ofrecidas por la escuela para el trabajo de los maestros, una de las obligaciones del Estado para garantizar el derecho a la educación, se trasladaron al cuerpo docente: tuvo que usar sus equipos, la electricidad de sus casas, y pagar los planes de datos. A esto se agregan la desaparición de la jornada laboral, la sobrecarga, el desdibujamiento del fin de semana y del tiempo de descanso”.

Para Jesús Juárez, da la Campaña por el Derecho a la Educación en México (CADEM), es fundamental que haya una “actualización sistemática, continua y permanente de los docentes no solamente en competencias digitales, sino también para adaptar las estrategias educativas a los nuevos escenarios que se han producido con la pandemia, en los diversos contextos sociales”.

 

Las desigualdades en materia de infraestructura tecnológica y de capital cultural en las familias, los estudiantes y los maestros, generaron impactos en el trabajo docente que no estaban presentes en la presencialidad escolar 

Omar Orlando Pulido Chaves, investigador de la Universidad Nacional de Colombia – artículo “En tiempo de pandemia: precarización de la labor docente

Próximo capítulo: Más allá de la educación

Foto: Marcha Global contra el Trabajo Infantil

En el próximo capítulo, abordaremos estas y otras situaciones de desigualdad, violencia y discriminación que fueron profundizadas por la pandemia, así como caminos para enfrentarlas y superarlas.

Texto: Thais Iervolino
Edición: Fabíola Munhoz
Revisión: Carolina Osorio