Foto: Marilú Alves

Nicaragua: Prevención de la violencia de género como prioridad

30 de noviembre de 2022

Por: Aldania Serrano (comunicadora del equipo de investigación) / Revisión: CLADE

La iniciativa para prevenir la violencia de género tiene como clave la investigación acción participativa en Haití, Honduras y Nicaragua.

El proyecto llamado Estrategias para prevenir la violencia sexual y de género y fomentar la equidad en las escuelas rurales, se ha implementado en Haití, Honduras y Nicaragua.

La iniciativa es coordinada por la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE), en alianza con Alternatives (Canadá) y en los países con el Foro Dakar Honduras, la Reagrupación para Todas y Todos de Haití y el Foro de Educación y Desarrollo Humano de la Iniciativa por Nicaragua.

Este trabajo se lleva a cabo gracias al apoyo y la subvención concedida por el Intercambio de Conocimiento e Innovación (KIX) de la Alianza Global para la Educación (GPE) y el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC), Ottawa, Canadá.

En Nicaragua se ha trabajado en tres comunidades, San Francisco de Peñas Blancas y Silmalila, ambas corresponden al departamento de Matagalpa, además, en el departamento de Jinotega, se ha implementado en La comunidad de La Chata.

Actualmente, junto a las organizaciones aliadas de la Coalición Nicaragüense por la Educación se suman el Movimiento de Mujeres de las Montañas, las lideresas de las tres comunidades, así como estudiantes, docentes y responsables de hogar para aportar activamente y tomar un papel clave en los territorios.

El diagnóstico participativo en la fase exploratoria 

En una primera etapa exploratoria se realizó un diagnóstico participativo que recogió las percepciones de madres y padres de familia, autoridades educativas, docentes, líderes y lideresas de las comunidades de Nicaragua, Honduras y Haití sobre las diversas formas en que se expresan las violencias hacia niñas, niños y adolescentes. En las entrevistas individuales y grupales se evidenciaron diferentes expresiones de la violencia de género en el entorno escolar y comunitario, como la presencia de embarazos en niñas adolescentes y violencia sexual. En Nicaragua se enfatizó la normalización del castigo físico y humillante como medida de correcciones en la escuela y el hogar. 

Los hallazgos de este diagnóstico permitieron identificar las dimensiones sobre las que se profundiza durante el proyecto: matoneo o bullying, embarazo en adolescentes, violencia sexual, roles y estereotipos de género y castigo corporal. 

Considerando estas dimensiones se desarrolló como herramienta común la encuesta de percepción a estudiantes de las comunidades de San Francisco de Peñas Blancas y Silmalila con el tema de violencias de género en el entorno escolar y comunitario. Este instrumento tiene como objetivo describir las violencias, las posibles explicaciones sobre sus manifestaciones y las razones que las sustentan en los contextos locales. 

La encuesta combinó preguntas de selección múltiple con preguntas de desarrollo y fueron aplicadas bajo la supervisión del equipo de investigación. 

En Nicaragua, las lideresas de la Red Mujeres Pioneras de la Montaña fueron actores clave para aplicación de dicha encuesta de percepción, logrando aplicarla a 75 adolescentes. De este total, el 61% se identifica con el género femenino y el 39% al género masculino, la edad promedio en las tres comunidades es de 14 años y el grado escolar que actualmente cursan en promedio es el séptimo grado.

Las rutas de tránsito hacia la escuela son inseguros

Como parte del proceso de investigación del proyecto en su segunda etapa se han desarrollado instrumentos que aportan en el desarrollo de un informe en los países. Dentro de los hallazgos preliminares podemos señalar, que el 24% de los niños y niñas participantes de la encuesta consideran que el camino a la escuela no es seguro.

Unicef/Fabres

Específicamente en la comunidad Silmalila, las niñas señalan el camino como un espacio muy solitario; coincide con lo señalado en la comunidad de San Francisco, en la cual las niñas indicaron que el camino “es montoso, solitario e inclusive si se encuentran a alguien del sexo masculino son víctimas de acoso callejero”. Por su parte, en la comunidad La Chata, las niñas expresaron que “el camino es solitario, que se encuentran con personas ebrias, que hay asaltos en el camino y que es muy desolado”. Hay mucha delincuencia, el transporte público no es seguro y el camino es solitario expresaron los niños en sus testimonios.

Cuatro de cada diez estudiantes ha sido víctima de violencia

Sobre el acoso, la discriminación y la agresión se tiene que un 41.10% del estudiantado participante, manifestó haber sido víctima de al menos un episodio de burlas, el 32.88% ha sentido discriminación por parte de sus pares y el 37.84% ha colocado o le han colocado un apodo.

Las lideresas que acompañan el proceso de investigación han mostrado su preocupación, ya que si bien los resultados se muestran alarmantes, estiman que el acoso escolar (conocido como “bullying” en inglés o matoneo en español) es mucho mayor al registrado, pues lo observan tanto en las escuelas como en las comunidades donde viven, aunque sean diversas las expresiones de estas formas de violencia.

En Slilmalila, las expresiones de violencia suelen ser más frecuentes con el uso de apodos, la humillación por razones étnicas y/o aspecto físico, mientras que en la comunidad de La Chata, pueden ser por razones económicas, el aspecto físico o por la orientación sexual, también, en San Francisco señalan que los aspectos físicos o la forma de vestir pueden ocasionar agresiones entre estudiantes.

La reflexión y acción comprometida de las comunidades

El proyecto cuenta con un equipo interdisciplinar en cada país y es asesorado por el investigador David Hernández, para quien este trabajo tiene como objetivo “hacer una investigación acción participativa en conjunto con las comunidades seleccionadas”.

La intención desde el inicio del proceso ha sido involucrar a las personas del equipo desde la etapa de documentación y del trabajo de campo con enfoque de la violencia de género. Además, se espera profundizar colectivamente en la temática y proponer caminos de soluciones.

Archivo CLADE

Las pioneras de las montañas son el enlace con las comunidades en Nicaragua, han sido un catalizador fundamental de la acción, que ha facilitado la apertura al tema, a las experiencias y a los hechos actuales. También se ha impulsado un proceso de reflexión comunitario, para el tratamiento y posibilidades de resolución, apostando de esta manera a la sostenibilidad del proyecto.

David Hernández subraya la relevancia del trabajo comunitario cuando señala que “no puede existir un proyecto sin comunidades, y es ahí donde se debe trabajar. La manera de impactar es trabajando con la comunidad directamente”.

Más que un proyecto, una apuesta por otras formas de vida

Actualmente la información disponible es abundante y se encuentra en la fase de procesamiento, de cara a traducirla en resultados que permitan trazar caminos de disminución de la violencia, la movilización sin riesgo de niñas y mujeres, así como masculinidades que puedan construir nuevas relaciones entre los géneros, si bien las expectativas son altas, David Hernández señala que el trabajo trasciende el propio proyecto, siendo raíz de un desafío mayor para generar impactos de largo alcance.

En la región cosechamos un proceso de reconocimiento y reflexiones sobre los derechos, los géneros y los derechos de las mujeres, lo que ha sido aprovechado por la iniciativa del proyecto para considerar las complejidades de los contextos en los que niños y niñas viven violencias, especialmente en las áreas rurales.

¿Difícil? ¿Fácil? ¿Cómo se llega a las comunidades?

Para el especialista una de las claves, ha sido la horizontalidad del proyecto y la receptividad que ha tenido en Nicaragua, a pesar de los obstáculos o retos que experimentan el equipo regional, nacional y de las comunidades para crear sinergia y entendimiento.

La interacción permanente entre las comunidades, las instituciones y organizaciones que realizan acompañamiento en los territorios ha sido significativa. Cuando las comunidades necesitan apoyo ahora, encaminan las demandas hacia las instituciones correspondientes. La premisa del proyecto se ha fundamentado en que la acción social pasa por el desarrollo comunitario y desde ahí se incide en las prácticas de violencia.

Las propuestas se basan inicialmente en la documentación oficial que brindan los Estados, de donde se realizan diagnósticos, reconociendo que con frecuencia se desconocen las complejidades de las comunidades en su propio territorio. 

La apuesta metodológica del equipo de este proyecto coincide en que el corazón de cada proyecto y su éxito se basan en el desarrollo de las comunidades, resultando un desafío constante su adecuación contextualizada.